Eichmann en Jerusalen: la banalidad del mal

El 11 de abril de 1961 se encontraron en el Beit Ha’am de Jerusalén, capital del recién constituido estado de Israel, dos figuras que marcaron su impronta en el desarrollo de la historia contemporánea. Mientras que uno acude al juicio acusado de haber organizado y ejecutado el plan de la "Solución final", el otro lo hace como una referencia intelectual en el mundo occidental. Y bien, como no podía ser de otra manera, me estoy refiriendo al jerarca nazi Adolf Eichmann y a la filósofa judía Hannah Arendt.


Image result for eichmann en jerusalénEl camino que tuvieron que recorrer uno y otro para llegar a esta fecha fue muy distinto, podría decirse que incluso opuesto. Eichmann fue un alto cargo del régimen nazi. A sus ordenes, miles de soldados cuya misión era llevar a cabo el plan de exterminio contra el pueblo judío. Una vez que Alemania capituló y salió derrotada del segundo conflicto mundial, Eichmann consiguió escapar y puso rumbo a Argentina, donde se mantuvo en el anonimato bajo el pseudónimo de Ricardo Klement. Una tarde de 1960, mientras recorría el trayecto que separaba su casa de la fabrica en la que trabajaba, fue arrestado por un grupo de agentes del servicio secreto israelí. Hannah, por el contrario, tuvo que huir de Alemania en la década de 1930 ante la amenaza nazi. Se instaló en Nueva York, donde cultivó el campo de la filosofía política. Allí, sus obras alcanzaron reconocimiento internacional y Arendt se erigió como una de las pensadoras más influyentes del siglo XX.
Eichmann fue condenado a muerte por el tribunal israelí, nada fuera de lo que cabía esperar. La sorpresa llegó con la publicación, en la revista The New Yorker, de las conclusiones extraídas por Arendt durante el juicio. En una serie de artículos reflexionó sobre la idea del mal, llegando a la conclusión de que este es un concepto banal.
Meses más tarde la obra de Arendt aparecería publicada en forma de ensayo. Su libro, Eichmann en Jerusalén, fue muy mal recibido por la crítica. Se le acusó de ser una enemiga del pueblo judío y de defender a un criminal de guerra. Lógicamente, eso no era cierto, ella nunca defendió a Eichmann, solo trató de comprender que le había motivado a actuar de esa manera. Pocos fueron los que supieron interpretarla.
El juicio de Eichmann me resulta muy interesante ya que me sugiere un sinfín de preguntas. En primer lugar, y desde un punto de vista jurídico, me pregunto si es justo que un individuo pueda ser procesado por una de las partes litigantes, y no por un juez imparcial. Al igual que ocurre con los juicios de Nüremberg, puede entenderse que esta es una forma de imponer la justicia de los vencedores sobre los vencidos.
Pero si décadas después seguimos estudiando este suceso es porque trasciende lo jurídico y adquiere implicaciones morales. Es decir, al juicio jurídico subyace un juicio moral. Gracias a Arendt me cuestiono que es el mal o como hubiese actuado yo de haberme visto envuelta en la misma situación que Eichmann.

A lo largo de la historia, han sido muchos los autores de reconocido prestigio que han reflexionado sobre la noción del mal. En particular, hay uno que me llama particularmente la atención. En enero de 1886 Robert Louis Stevenson publicó El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde. En su magnifica obra, Stevenson presenta dos personajes que finalmente resultan ser uno. De la lectura de su libro podemos extraer la conclusión de que dentro de cada uno de nosotros habita un Dr. Jekill y un Mr. Hyde. Esta idea de dualidad moral me parece acertada a la vez que original.
Para concluir, me parece adecuado destacar que no hay mejor resumen para esta entrada que una cita del joven poeta francés Arthur Rimbaud: "Yo es otro".

Comentarios

  1. Buena entrada Ángela. Aunque hubiera estado bien que profundizaras algo más en la noción de "banalidad del mal". Lo que Arendt dice es que un Estado totalitario no precisa de funcionarios malvados para llevar a cabo sus crímenes, basta con burócratas grises, mediocres acostumbrados a obedecer, personas sin autonomía y ajenas al pensamiento. Por eso el mal es "banal": no hacen falta supervillanos como en las películas de superhéroes.
    Saludos

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